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La pintura egipcia

A pesar de lo que pueda parecer a simple vista, sobre todo por la preocupación por el tema de la muerte, el pueblo egipcio era muy optimista por naturaleza. Y esto se refleja en el arte. Algo que caracteriza el arte egipcio es su escasa evolución a lo largo de sus 3.000 años de historia, ya que desde los tiempos más antiguos se establecieron unos cánones o pautas que se respetaron a lo largo del tiempo.

La razón habría que buscarla en la fuerte estructuración de su sociedad y en el importante papel que la religión jugaba en esta civilización. Esto no significa que no se produjeran algunas transformaciones (el caso más llamativo se da en la época de Amarna), aunque en general se mantuvo el mismo estilo.

Lo primero que debemos hacer notar sobre la pintura (aunque es común con las demás "artes") es que los egipcios no tenían un concepto del arte como algo estético, tal como nosotros lo tenemos. Para ellos la pintura tiene un fin eminentemente práctico, y es que es una forma de escritura, una especie de "escritura mágica". Esto es así debido al carácter religioso de las obras pictóricas, escultóricas, etc. Por esta razón, no existen artistas, sino artesanos, y por eso mismo la pintura es una obra anónima.

La función de la pintura.

Al igual que la escultura y la momificación, era preservar la imagen del difunto y sus posesiones para que su alma pudiera pervivir para siempre. Por esta razón, la representación pictórica debía ser sencilla y clara, para que el alma del difunto pudiera reconocerse a sí mismo y a sus cosas, y poder disfrutar así de la vida en el Más Allá.

Y aquí es donde entra ese concepto de magia, y la explicación de esa particular forma de representar las figuras que tenían los artesanos egipcios. Algunos autores lo llaman la ley de la máxima claridad, y explica el por qué en una misma figura se representan partes de perfil y partes de frente. Por supuesto, el título de este artículo es una broma, y sólo trata de nombrar de forma coloquial ese concepto que la mayoría de nosotros tiene del arte egipcio

Si nos fijamos bien en una figura humana, vemos que la cabeza está de perfil, pero el ojo mira de frente, el tronco también va de frente, pero el pecho está de perfil, las caderas van de semiperfil, y lo más curioso de todo es que los pies y las manos son del mismo lado, o sea, dos manos derechas o dos manos izquierdas, y lo mismo con los pies (que también van de perfil).

Esto es así porque no se pretende una representación real de la figura, o al menos no como nuestra vista la observa, sino que se pretendía mostrar la esencia del ser, y para ello se representaba cada parte del cuerpo de la forma en que mejor se la reconocía. De esta forma, el difunto jamás podría equivocarse de tumba cuando pasaba el Juicio de Osiris y regresaba a su lugar de descanso para vivir por toda la eternidad.

Esto mismo se observa también con el resto de cosas representadas. Por ejemplo, en una mesa de ofrendas (pintada de perfil) se colocaban los objetos sobre la línea superior de la mesa, superpuestos para que se vea bien cada objeto.

En las mastabas de la época antigua, solía haber una mesa de ofrendas real donde los familiares o sacerdotes ofrecían comida y otro tipo de cosas al difunto, así como estatuas que retrataban al muerto, pero más adelante se sustituyó la escultura por la pintura, pues los efectos "religiosos" eran los mismos, y encima era más barato.

Para la mentalidad egipcia, la representación pictórica de una ofrenda tenía el mismo valor que la ofrenda real, al igual que la representación gráfica de una persona era lo mismo que una estatua de ella. Esto es lo que se conoce como heka o magia.

Tenía el mismo poder llevar un pan a la tumba del muerto que dibujar ese mismo pan en las paredes, el simbolismo era el mismo, o sea, proveer de comida al difunto para su vida en el más allá. Y lo mismo con todas las demás cosas.

Las pinturas son bidimiensionales y con colores planos, aunque vivos y variados.

Destaca en la composición el hecho de pintar las figuras más importantes de tamaño más grande que las demás, y de esta forma podemos conocer el rango social de los personajes. Además, estos personajes siempre se pintan de manera idealizada. Aunque el difunto sea viejo siempre se le representará joven y de gran belleza, porque lo importante es mostrar cómo deberían ser, y no cómo son de verdad.

La temática era diversa, y así en las casas y en los templos solían representarse escenas de la vida cotidiana y motivos de la naturaleza, mientras que en las tumbas, además de esto, se pintaban escenas de tipo religioso, como pasajes del Libro de los Muertos, incluyendo textos jeroglíficos.

En las tumbas también hay una distinción clara en cuanto a la temática. Normalmente, en las tumbas de los reyes y personajes de la realeza abundaban las escenas de tipo religioso, pues no hay que olvidar que el Faraón era, en vida, el Horus viviente, y a su muerte se convertía en Osiris (dios de los muertos y padre de Horus), por lo tanto, un dios en cualquier caso.

En las tumbas privadas (de personajes importantes pero que no tenían relación de parentesco con la realeza) se solían representar escenas de la vida cotidiana de esa persona, y también algunas escenas religiosas, aunque más escogidas que en el caso anterior, y así abundan las representaciones del Pesaje de las almas, que supone el paso álgido del Juicio de Osiris.

A pesar de la rigidez de los cánones mantenidos desde los inicios de la historia egipcia, la pintura no es acartonada, sino que se presenta siempre llena de vida y optimismo, y esto se observa sobre todo en los temas de la vida cotidiana, como la caza, la pesca y demás labores, o en las representaciones de animales.

El trabajo de pintura lo realizaba un grupo de artesanos, cada uno de los cuales tenía una misión concreta.

Para empezar, había que preparar la pared sobre la que se iba a realizar la pintura. Había que arreglar las irregularidades que presentaba y para ello se enlucía con una capa de estuco alisada. Sobre la capa de estuco se dibujaba una cuadrícula, que servía para delimitar las proporciones de lo que se iba a reproducir.

El dibujante (llamado escriba de los contornos o el que representa una forma) diseñaba entonces lo que se iba a dibujar, y aquí comenzaba el trabajo pictórico propiamente dicho, siempre bajo la supervisión de un capataz.

El dibujante pasaba a la pared el boceto de la obra, y otro artesano pintaba encima una capa diluida de color que permitía ver los contornos, y que sería el color de fondo de la obra. Después se remarcaban esos contornos en negro, y se rellenaba de color.

 Si se deseaba se podía hacer en relieve, y entonces otro artesano tenía que cincelar con un mazo el contorno del dibujo, para rebajar la superficie. Después se podía aplicar color, como en el caso de la pintura lisa. Los pigmentos utilizados eran de origen mineral (malaquita, óxido de hierro, carbón...) y orgánico (huesos quemados y triturados).

El canon utilizado para la figura humana era el siguiente: una persona de pie tenía que medir 18 cuadrados de la cuadrícula, contados desde la línea base del pie hasta la línea inferior del cabello (o sea, sin contar el pelo o tocado). Dos cuadrículas de estas eran para la cabeza, cinco para el torso, cinco para las piernas y seis desde las rodillas hasta los pies.Algunos autores piensan que la base de este canon se encuentra en la medida de la mano y del brazo, es decir, de los miembros corporales que producen y crean las cosas. Cada lado de un cuadrado de la cuadrícula es siempre igual a un puño, o sea, a la anchura de la mano medida sobre los nudillos.


» http://www.losdestructores.com/egipto/pintura_egipcia.htm


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